4 de julio de 2016

4'33'' [o sobre el tiempo y el duelo]




supongamos que la cifra que titula esta nota ya ‘viene cargada’ —incluso sobrecargada— pues es virtualmente imposible estar en el medio del arte y no conocer el magistral acontecer del ejercicio de silencio, obra de john cage.
si por el motivo que sea quien lea esto y se encuentre en una situación similar a la descrita, negándose a ‘verla’, ‘cronometrarla’ o simplemente sentirle, conciente de que su vida presente pierde todo sentido si no logra aferrarse a esta nueva y extraveloz-temporalidad relacional, intenten pedir 4’33’’ —quizá john cage no sólo hablaba de música, sino de todos los efectos posibles del silencio —buenos y malos, sanadores e hirientes, comprensivos y déspotas, compañeros o enemigos, enamorados o (des)interesados.


pero estuve pensando que esta cifra puede usarse para otras cosas también, —debiera usarse incluso— (finalmente quiénes somos ara dudar de cage). así que me propongo a poner a práctica mi teoría. esta temporalidad tan precisa es justamente la cantidad de tempo justo para ‘algo’ que puede serlo todo —tanto como puede dejar de serlo— ése es su gran descubrimiento. el sosiego, la pausa, el no-tocar, no expresar, no explicar, no contradecir, no-‘hacer-sonido’ más allá del ajeno.

últimamente —y lo digo no sin amplia tristeza— se tienen, si acaso, 4’33’’ para lo que sea que involucre algo más que el bienestar propio o la conveniencia futura. antes (no preciso las fechas del ‘antes’ porque realmente no sé cuando empezó a ser cinco como también ignoro si antes eran diez o veinte), cuando había algún desacuerdo —del tipo que fuera— esto es lo que como último recurso se pedía: dame cinco minutos de tu tiempo. hoy, imposible! impensable. proponerlo siquiera encierra su propia  muerte pues no sólo no habrás de recibir los cinco, sino ni uno, ni medio. has pedido demasiado. y ya nadie perdona —o tiene tiempo para perdonar— cuando pides de ellos lo más preciado,’su tiempo’ (con todas las implicaciones psicoanalíticas que conlleva.

debes estar fuera de ti, cinco minutos son más valiosos que casi cualquier cosa que puedas decir, hacer, enseñar, demostrar, explicar, tratar de hacer hablar y escuchar. no cinco; olvídalo.

encontrarse pues en una situación en la que la contraparte —sea quien sea, en el escenario que cada uno quiera imaginarse— es decir, cuando no están dispuestos a concedernos ni cinco minutos, es tan patético, como doloroso, como burlesco y casi irreal. lo trágico es que sucede. y muchas más veces de las que pensamos, especialmente en relaciones que creíamos ‘casi perfectas’.

no. no pidas tiempo. nunca pidas el tiempo del otro así como tal —es decir, como tiempo— pues hacerlo, enunciarlo, causará estragos irrecuperables, lo puedo asegurar.

dada esta lamentable estado de las cosas, no queda sino acordarse —con la debida ironía— de los cuatro minutos treinta y tres segundos de cage. posiblemente no sólo revolucionó por completo la comprensión de la música a partir de su a-concierto, sino que es muy posible que podamos entender su obra, ésta obra 4’33’’ como una clave de reposición —de tomarse en cuenta cuando se debía. así pues, lo único que queda es, si acaso es uno —aún— alguien que confía en el otro, en los sentimientos y especialmente en el amor  aconsejo no pedir más de 4’33’’ de atención a la pareja en turno.

pero si —efectivamente— acaso es uno —aún— alguien que confía en el otro, en los sentimientos y especialmente en el amor. cuando te sean negados los cinco minutos no hagas más que un breve duelo, digamos de 4’33’’ y aléjate lo más pronto y lejos que puedas de aquel ser tan ‘ocupado’[es decir, egoísta —hoy día se entienden como sinónimos] incapaz de escucharte, ayudarte, verte, abrazarte, o simplemente sentarse a tu lado en silencio durante cinco minutos en la banca de un parque tan hermoso y avejentado como —precisamente quizá como ha de sentirse interiormente [y seguramente al fondo de la mirada] ése que ya no concede tiempo ‘a ciegas’ —es decir— sin tener asegurado algún tipo de beneficio inmediato o  corto plazo. ¡cinco minutos! ¿de qué hablas? ¿crees que no tengo nada que hacer?


quienes en cambio, se den cuenta cabal de que —para el otro que dice estar a su lado— cinco minutos es demasiado pedir, les sugiero —lo más pronto posible— hacer un respetuoso duelo por la inminente muerte de su relación.

con derecho y causa sugiero que el duelo no dure más de 4’33”.


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